Una galería de personajes sorprendentes, cuatro palos y setenta y ocho cartas: el Tarot de Marsella parece familiar, pero su historia ofrece sorpresas. Antes de asociarlo con la adivinación, hay que comprender el origen de estas imágenes.
Los primeros tarots no se utilizaban para predecir el futuro
Al observar un Tarot de Marsella actual, las figuras parecen pertenecer desde siempre al mundo de la adivinación. El Mago, la Papisa, la Muerte y el Mundo forman un conjunto reconocible, pero los primeros tarots documentados eran juegos de cartas.
El Metropolitan Museum of Art sitúa los primeros testimonios documentados en las décadas de 1440 y 1450, en ciudades del norte de Italia como Milán, Florencia y Venecia. Estos indicios no prueban un origen único, pero delimitan un contexto histórico concreto.
La estructura familiar incluye cincuenta y seis cartas de copas, espadas, bastos y oros, veintiún triunfos y el Loco. Los personajes de la corte y las cartas numerales pertenecen a una tradición europea de juegos.
Es importante distinguir el uso actual de su origen. Que las cartas se utilicen hoy para adivinar no significa que fueran creadas originalmente para ese fin.
Las cartas Visconti-Sforza: objetos de corte
Los tarots vinculados con las familias Visconti y Sforza destacan porque se conservan conjuntos pintados del siglo XV. Son testimonios materiales de juegos aristocráticos elaborados con gran cuidado.Morgan Library & Museum conserva parte del conjunto Visconti-Sforza y describe sus características: fondos dorados, pintura sobre cartón e imágenes encargadas por una familia noble.
Las cartas existentes se reparten hoy entre museos y colecciones. No constituyen por sí solas un juego íntegro conservado exactamente como se entregó a su primer propietario.
Los triunfos representan escenas y conceptos reconocibles de la Europa de la época: poder, virtudes, fortuna, amor, muerte y juicio. Su presencia no demuestra un sistema esotérico secreto.
El Met destaca que algunos juegos tempranos tenían composiciones diferentes de las que se normalizaron después, incluidas cartas de corte adicionales o virtudes teologales.
Del norte de Italia a los talleres franceses
La circulación de cartas italianas hacia tradiciones francesas fue gradual, con intercambios comerciales, usos sociales y técnicas de fabricación. No hubo una transición instantánea ni completamente lineal.
El estudio de la Bibliothèque nationale de France sobre el tarot del fabricante Philippe Vachier recuerda que el estilo gráfico llamado «de Marsella» no se inventó necesariamente en la propia ciudad. Su nombre se consolidó mucho después.
Las técnicas de producción también son esenciales: grabado en madera, impresión y coloración con plantilla permitieron fabricar barajas en series. Unas mismas composiciones podían circular y transformarse entre talleres.
Conviene distinguir tres niveles: el objeto material fechado o atribuido a un fabricante, el estilo iconográfico reconocible y el nombre de clasificación empleado posteriormente por historiadores y coleccionistas.
El tarot de Vachier de 1639: un hallazgo decisivo
La baraja de Philippe Vachier amplió de forma importante la documentación histórica. Según la BnF, el juego completo de setenta y ocho cartas, fechado en 1639 en el dos de oros, ingresó en sus colecciones en diciembre de 2025. Es uno de los ejemplos completos más antiguos del tipo gráfico conocido como Tarot de Marsella.
Una baraja completa aporta más información que un fragmento aislado. Permite comparar el conjunto de triunfos y palos, la disposición gráfica, los nombres y las técnicas de impresión.
Antes de esta adquisición ya se conocían otros referentes, como el tarot Noblet fabricado en París hacia 1650 y conservado por la BnF. El hallazgo de Vachier complementa, sin borrar, estos testimonios.
La fecha de una reproducción moderna no indica necesariamente la antigüedad del modelo reproducido. Dos barajas impresas hoy pueden basarse en diseños históricos de siglos diferentes.
¿Por qué las figuras difieren tanto de las barajas modernas?
Los personajes del Tarot de Marsella se diseñaron para un juego impreso con las técnicas de los talleres de naipes de su época. No eran ilustraciones de un manual moderno de psicología o adivinación.
El Mago puede relacionarse con figuras de entretenimiento y demostración de destreza; la Rueda de la Fortuna pertenece a una tradición iconográfica medieval. Cada imagen requiere contexto histórico.
Los juegos antiguos no siempre comparten colores, grafías o numeraciones. Una variante no demuestra necesariamente un error de imprenta ni la existencia de un código oculto.
El observador encuentra en las cartas imágenes capaces de suscitar relatos y asociaciones. La historia muestra precisamente cómo esas figuras adquirieron nuevos significados con el tiempo.
El nacimiento de las lecturas ocultistas a finales del siglo XVIII
El cambio decisivo llegó mucho después del Renacimiento. El Victoria and Albert Museum sitúa el desarrollo de interpretaciones adivinatorias del tarot a finales del siglo XVIII, cuando varios autores conectaron las cartas con sistemas simbólicos y cartománticos.
Antoine Court de Gébelin defendió en 1781 una supuesta procedencia egipcia del tarot, que vinculó con el llamado Libro de Thot. Esta propuesta fue influyente, pero no está respaldada por la documentación del origen de los juegos europeos. La Morgan Library describe expresamente esta asociación como consecuencia de interpretaciones eruditas equivocadas.
Su importancia cultural es real aunque su fundamento histórico sea falso. Una teoría errónea puede transformar durante siglos la manera de interpretar un objeto.
Etteilla, seudónimo de Jean-Baptiste Alliette, también participó en esta transformación. Las investigaciones presentadas por el V&A lo sitúan entre las figuras relevantes de la cartomancia moderna.
El siglo XIX convirtió al tarot en lenguaje esotérico
Durante el siglo XIX se extendieron asociaciones entre tarot, ocultismo, cábala, astrología y correspondencias simbólicas. Los autores reinterpretaron las imágenes desde sus propios sistemas.
Por ello, dos libros publicados en épocas diferentes pueden atribuir significados muy distintos a una misma carta. Estas interpretaciones forman parte de la historia cultural del tarot, pero no prueban su finalidad original.
El Tarot de Marsella ocupa un lugar especial en esta evolución: sus imágenes y su nombre se vincularon progresivamente con la adivinación, aunque los juegos anteriores pertenecieran al entretenimiento.
El Met también recuerda que las asociaciones ocultistas y adivinatorias son posteriores a las primeras barajas. Reconocer esta cronología no invalida la práctica contemporánea; simplemente la sitúa históricamente.
Qué revela realmente una carta antigua
Una carta conservada en un museo es primero un documento material. Los especialistas estudian el soporte, pigmentos, técnicas de impresión, desgaste, dimensiones y contexto para comprender su fabricación.
Las colecciones públicas permiten comparar testimonios. Las fichas de la Morgan Library muestran imágenes del conjunto Visconti-Sforza; la BnF documenta barajas francesas del siglo XVII, y el V&A y el Met sitúan estas piezas en la historia de las artes y los juegos.
No debemos convertir la falta de pruebas en prueba de una transmisión secreta. La pérdida de archivos es real, pero no autoriza a afirmar cualquier origen.
En cambio, nuevas adquisiciones pueden modificar el conocimiento histórico. La baraja Vachier es un ejemplo reciente de cómo la investigación sigue avanzando.
Cómo explicar esta historia a principiantes
Para presentar el Tarot de Marsella conviene seguir una cronología clara antes de acumular correspondencias ocultistas. El lector debe distinguir el origen del juego, su evolución gráfica y los usos adivinatorios posteriores.
Un tarot no consiste únicamente en veintidós imágenes: los cincuenta y seis naipes restantes son fundamentales para su estructura y sus prácticas históricas.
Una presentación accesible puede empezar observando una carta: qué representa, qué se sabe de su fabricación y cómo cambió su interpretación. El contexto precede a la lectura simbólica.
En un entorno comercial, las leyendas de origen no deben presentarse como hechos demostrados. Una baraja puede inspirarse en interpretaciones egipcias modernas sin haber nacido históricamente en Egipto.
Conclusión: una tradición en transformación
El Tarot de Marsella reúne varias historias: la de los juegos de cartas europeos, la de los talleres que imprimían sus imágenes, la de coleccionistas y museos y la de la adivinación moderna.
Las fuentes museísticas ofrecen referencias sólidas: los tarots italianos están documentados desde el siglo XV, las cartas Visconti-Sforza pertenecen a una cultura aristocrática, los talleres franceses difundieron determinados tipos gráficos y la cartomancia ocultista se desarrolló siglos después.
Fuentes y referencias
Bibliothèque nationale de France — Un tarot qui rebat les cartes.
Metropolitan Museum of Art — Before Fortune-Telling: The History and Structure of Tarot Cards.
Metropolitan Museum of Art — The Visconti-Sforza Tarot.
Morgan Library & Museum — Visconti-Sforza Tarot Cards.